Saltar al contenido

Resumen del Quijote por Capitulos

Resumen Don Quijote de la mancha adaptación de Arturo Pérez-Reverte

Título: DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Autor: MIGUEL DE CERVANTES
Adaptación: ARTURO PÉREZ-REVERTE
Edición de la REAL ACADEMIA ESPAÑOL

Resumen del Quijote por Capitulos

Parte I

– Capítulo I

En este primer capítulo se presenta al protagonista, un hidalgo de la Mancha, seco de carnes, enjuto de rostro y aficionado a leer libros de caballería, se pasaba día y noche leyendo, tal era la obsesión que tenía por este género, que un día decidió convertirse en caballero andante como los héroes de sus libros.

Para llevar a cabo esta extraña aventura y convertirse en un buen caballero, necesitaría sus propias armas, un caballo, un nombre y una dama de quien enamorarse. Se hizo con las armas de sus bisabuelos, como caballo eligió a su hambriento rocín, el cual bautizó como Rocinante y tras mucho pensar, decidió llamarse a sí mismo don Quijote de la Mancha, en honor a Amadís de Gaula. Únicamente le faltaba una dama para poder empezar sus aventuras como caballero, eligió a Aldonza Lorenzo, la cual llamó Dulcinea del Toboso.

– Capítulo II

Una vez que lo tuvo todo dispuesto, don Quijote de la Mancha parte en una calurosa mañana de julio por una puerta falsa del corral, montado en Rocinante y sin un rumbo fijo, se deja llevar por los trotes del animal. Por el camino, fantasea en ser recordado en numerosos libros de caballería y lograr grandes hazañas, pero se percata de que aún no ha sido nombrado caballero andante y según las reglas de caballería, todavía no debe enfrentarse a ningún otro caballero.

Cae la noche, y el hidalgo llega a una venta que él cree castillo. En la entrada se encuentra con dos mozas, las cuales comienzan a reírse de su peculiar forma de hablar. Finalmente, aparece el ventero que le ofrece comida y posada.

– Capítulo III

Después de cenar, don Quijote llama al ventero y le suplica que lo nombre caballero. El ventero, al percibir su cordura, le sigue el juego y  promete concederle su deseo. Además, le cuenta que él también ejerció la caballería en sus tiempos mozos, y le relata algunos de sus mayores logros y lugares de España en los que había estado.

Para que un nombramiento de caballero fuese valido, se debían poner a velar las armas del caballero en una capilla, pero como eso era una venta y no había capilla, don Quijote decide poner a velar sus armas en el patio. Mientras vigilaba sus armas para evitar hurtos, el ya casi caballero, tiene algún que otro desafortunado encuentro con algunos huéspedes de la venta, el castellano, al ver esto, propone nombrar a don Quijote caballero esa misma noche con la intención de que se marche cuanto antes y así evitar males mayores. Y así es como don Quijote de la Mancha, es nombrado caballero en una ceremonia improvisada y abandona la venta en busca de aventuras.

– Capítulo VIII

En este capítulo, don Quijote se encuentra con 40 molinos de viento que confunde con gigantes, Sancho le advierte de la realidad, pero don Quijote, hace caso omiso y embiste fuertemente contra los molinos, con tan mala suerte, que sale herido y su lanza se rompe en mil pedazos. Don Quijote cree que ha sido un encantador quien ha convertido los gigantes en molinos.

Esa noche duermen bajo unos árboles, y don Quijote arranca una rama para reemplazar su lanza siguiendo los pasos que había leído en un libro de caballería.

Al día siguiente parten en dirección Puerto Lápice, por el camino, divisan a dos frailes y detrás un coche con una dama en su interior. Don Quijote, creyendo que eran encantadores que tienen una princesa forzada, les exige que la liberen, los frailes, algo atónicos ante tales acusaciones, insisten en que simplemente son frailes y que no han secuestrado a nadie, no logran convencer a don Quijote, quien embiste contra uno de ellos, dejándolo inconsciente en el suelo mientras que el otro huye.

Mientras tanto, don Quijote le pide a la señora como único agradecimiento por sus servicios que se dirija a Toboso, y le cuente sus hazañas de valentía a su querida Dulcinea, un escudero vizcaíno que se encontraba con la señora, escucha esto y amenaza a Don Quijote, comenzando así una pelea de espadas.

– Capítulo IX

En este capítulo, el narrador cuenta que se quedó muy intrigado por saber cómo acabaría la pelea entre don Quijote y el escudero vizcaíno, pues los dos estaban muy encolerizados. Cervantes relata que un día, en una calle de Toledo, había un joven con unos cartapacios que contenían unos papeles que se referían a don Quijote. El título de uno de ellos era: “Historia de don Quijote de la Mancha”, escrito por “Cide Hamete Benengeli”, historiador arábigo. Cervantes había encontrado la segunda parte de la historia, y compró todos los cartapacios. Como estaban escritos en árabe, le pago a un morisco que hablaba castellano para que los tradujese, llevó al morisco a su casa, y, le bastó poco más de mes y medio para traducirlos todos.

En la segunda parte de la historia, se narra el bravo enfrentamiento entre don Quijote y el vizcaíno. El vizcaíno, se abalanzó sobre el hidalgo, y le asestó un fuerte golpe con la espada, don Quijote tuvo suerte, pues el golpe no le acertó de lleno, y tan solo le hizo una herida en la oreja, este contraatacó con un brutal golpe que desmontó al vizcaíno de su mula. Don Quijote se acercó a su rival que yacía en el suelo dándole dos opciones: rendirse o perder la vida, el vizcaíno ante tal golpe, había perdido la conciencia y tuvieron que intervenir las señoras que se encontraban en el coche, rogándole que le perdonase la vida, contestando don Quijote que así lo haría, con la condición de que se presentara ante Dulcinea del Toboso y se pusiera a su disposición. Las señoras, por librarse de aquel loco furioso, y sin saber quién era Dulcinea, le prometieron que así lo harían.

– Capítulo XIV   

En este capítulo, Sancho le recrimina a don Quijote que no han ganado ni una batalla, y que solo han recibido palos. El hidalgo sentía lo que le había ocurrido a su escudero Sancho, y le echaba la culpa de sus desgracias a los encantadores.

De repente, ven dos polvaredas que se levantan, una por cada lado del camino, don Quijote asume que son dos ejércitos enemigos que van a comenzar una batalla, y junto a sancho, se suben a una colina para ver mejor el supuesto enfrentamiento, una vez allí, Don Quijote comienza a describir la batalla, diciendo personajes famosos y las armas que lleva cada ejército. Cuando ya estaban algo más cerca, Sancho se percata de que el polvo procede de los rebaños de unos pastores, y avisa a Don Quijote, pero este, otra vez, le hace caso omiso, y le responde que el miedo turba los sentidos. Sin pensárselo mucho, embiste contra el rebaño, llevándose por delante varias ovejas. Los pastores, atónitos al ver semejante acción, le tiran piedras, lo desmotan de Rocinante y lo dan por muerto.

Tras la batalla, don Quijote le pide a Sancho que le mire la boca para ver cuántos dientes le faltan, este le hace caso, pero le da tanto asco, que le vomita encima, Sancho, algo decaído, maldice el día que conoció a don Quijote.

Por si fuera poco, se le habían olvidado las alforjas en la venta, así que no tenían nada para comer. Don Quijote, que ve a su escudero un algo decaído, trata de consolarlo dándole la opción de elegir la venta donde pasar la noche.

– Capítulo XVII

Comenzó a llover un poco, así que decidieron cambiar el rumbo. En esto, don Quijote divisa a lo lejos a un hombre con un supuesto casco en la cabeza, brillaba tanto que parecía oro, el hidalgo le dice a su escudero que es el yelmo de Mambrino. Sancho le advierte de que quizá está sacando conclusiones precipitadas, y que puede armar una buena. Pero don Quijote, lo ignora completamente y arremete bruscamente contra el hombre, que en realidad era un barbero, por suerte, este reacciona a tiempo y esquiva el golpe bajándose de su asno, don Quijote le exige que le entregue el yelmo. El barbero, algo desconcertado, sale huyendo y deja a su paso el yelmo, que no era más que una simple bacía que se había puesto en la cabeza para resguardarse de la lluvia.

Una vez acabado este pequeño percance, don Quijote y Sancho comienzan a fantasear sobre su futuro como caballeros.

– Capítulo XVIII

En este capítulo, don Quijote y Sancho Panza se encuentran en su camino a un grupo de malhechores encadenados junto a cuatro guardias, se trata de prisioneros del rey que se dirigen a las galeras. Don Quijote cree que está en su deber ayudarles si están allí en

contra de su voluntad, y le pregunta a uno de los guardias qué delitos han cometido para merecer semejante castigo. El guardia le sugiere que se lo pregunte a los galeotes. Por lo que se acerca a ellos, y cada preso le cuenta la razón de porque va a las galeras. Don Quijote llega la conclusión de que los delitos de esos hombres no son suficientes como para castigarlos, así que le pide a los guardias que los liberen por las buenas. Al no obedecer, don Quijote arremete contra ellos, mientras los prisioneros se van soltando y le ayudan. Los guardias acaban huyendo y don Quijote les pide a los hombres que ahora lo único que deben hacer es presentarse ante Dulcinea y contarle la increíble hazaña que acababa de realizar. Pero Ginés de Pasamonte, el que parece ser el cabecilla, le dice que es imposible, pues tienen que huir de la Santa Hermandad y tener mucho cuidado de que no los vuelvan a coger. Entonces, don Quijote comienza a insultarle, pero Ginés y el resto no se quedan quietos y responden tirándole piedras. Finalmente, tanto don Quijote como Sancho Panza acaban malparados.

– Capítulo XXIV

En este capítulo se cuenta como don Quijote y Sancho vuelven otra de vez de casualidad a la venta donde ya habían tenido alguna aventura anteriormente. A pesar de su anterior experiencia, deciden descansar allí. Mientras los venteros, el cura, el barbero y el resto de gente comen y charlan sobre la locura de don Quijote, este se encuentra descansando en su habitación junto con su escudero. De repente, Sancho sale al comedor muy alborotado pidiendo ayuda, pues don Quijote había acuchillado y decapitado a un supuesto gigante para salvar a la princesa Micomicona y había sangre por todas partes. Cuando entran en la habitación, ven a don Quijote cortando a espadazo limpio los cueros de vino. Lo más chocante de la situación eran las extrañas pintas que tenía el hidalgo, y que tenía los ojos cerrados. Cuando el ventero vio todo esto, se abalanzó con furia sobre don Quijote, propinándole un buen número de golpes. Si no llega a ser por el cura y el barbero que pararon al castellano a tiempo, don Quijote no hubiera podido contarlo. Tras un breve momento de incertidumbre, consiguen despertar a don Quijote echándole un cubo de agua fría por la cabeza y Sancho, al no encontrar la cabeza del gigante, se convence de que la venta está encantada.


PARTE II

– Capítulo VIII  

En este capítulo don Quijote y Sancho entran al Toboso en busca de Dulcinea. Todavía es media noche, y don Quijote le pide a Sancho que le guíe hasta el Palacio de su amada Dulcinea, ya que él se supone que la ha visto anteriormente. Tras un tiempo de búsqueda, no encuentran nada, y Sancho se empieza a cuestionar la existencia de Dulcinea, porque ni él mismo ni don Quijote la habían visto nunca.

Finalmente, llegan a una iglesia que de lejos se asemejaba a un alcázar, y hablan con un labrador que les dice no conocer a ninguna princesa en el Toboso. Sancho, le sugiere ir al bosque antes de que amanezca, y le promete a Don Quijote ir él mismo a la mañana siguiente a hablar con Dulcinea, y decirle que un amado caballero le está esperando en un encimar cercano.

– Capítulo XVII

Después de una magnífica acogida y trato en casa de don Diego, don Quijote decide que es el momento de partir ya, pues es su deber seguir en busca de aventuras.

Don Quijote desea entonces visitar la famosa cueva de Montesinos y las lagunas de

Ruidera, por lo tanto, le pide a don Diego un guía para llegar allí. Don Diego elige a el primo de un vecino suyo, el cual, también es fanático de las novelas de caballería.

En la entrada de le cueva, el guía y Sancho atan a don Quijote con una soga que habían comprado el día anterior, comienza a bajarle y el hidalgo se introduce en la cueva tras cortar la maleza de la entrada. Después de un tiempo, el guía y Sancho, al ver que don Quijote no responde, comienzan a subirlo.

Finalmente, don Quijote sale durmiendo y tras despertarse, comienza a contar unas historias, que según él le habían sucedido dentro de la cueva, y las cuales Sancho no se cree.

– Capítulo XXII

En este capítulo, don Quijote divisa a lo lejos un grupo de cazadores de altanería y entre ellos, a una gran señora vestida de verde y subida en un palafrén con silla de plata. Don Quijote le ordena a Sancho que se presente a ella, y le ofrezca en su nombre sus servicios de caballería, y le ordena especialmente que no encaje muchos refranes. Así lo hizo el escudero; fue a donde estaba la hermosa señora, y cuando llegó, se postró de rodillas y en nombre de don Quijote le ofreció sus servicios, la señora, que tanto ella como su marido el duque, conocían la primera parte de la historia de don Quijote, le respondió muy amablemente. Finalmente, don Quijote se acerca a ellos y, tras una desafortunada caída, charla con los duques que le ofrecen ser acogidos en su castillo

– Capítulo XXVIII

En este capítulo, los duques ofrecen a don Quijote y a Sancho Panza un viaje por el famoso caballo Clavileño, que resulta ser de madera, les hacen creer que al subir en él con los ojos vendados y darle a una clavija, te lleva por el cielo y sus diferentes regiones. Aunque a Sancho no le entusiasma mucho la idea de surcar los aires a lomos de un caballo, al final accede, aunque con el miedo metido en el cuerpo. Comienza el vuelo, evidentemente, ficticio. Los duques hicieron uso de diversos artilugios para darle más veracidad al viaje; les hicieron creer que llegaban a la región del aire gracias a unos fuelles, y a la región del fuego gracias al calor de unas estopas. Finalmente, el caballo vuela por los aires debido a unos cohetes tronadores que poseía y se da por concluido el viaje. Don Quijote y Sancho Panza se quitan la venda de los ojos, y descubren que han vuelto al mismo lugar del que partieron, pero un letrero que hallan enfrente les hace comprenderlo todo. Ante las preguntas de los duques de cómo les ha ido el viaje, sorprende que sea don quijote quien ofrezca una versión más coherente del mismo, frente a la disparata aventura que sancho dice a ver vivido.

– Capítulo XXX

En este capítulo, don Quijote se entera de que Sancho partirá al día siguiente para gobernar la ínsula que el duque le había prometido. Don Quijote, lleva a Sancho a sus aposentos para darle una serie de consejos, consejos muy útiles y sabios sobre cómo ser un buen gobernador. Sancho recibe los consejos de buen gusto, pero sabe que más tarde, no se acordará de ninguno. Don Quijote le hace especial hincapié en que no use tantos refranes y Sancho se justifica diciendo que de lo que más sabe es de refranes y que prefiere irse al cielo siendo quien es antes que al infierno siendo gobernador. Esa respuesta convence finalmente a don Quijote que le da su aprobación para ser un gran gobernador.

– Capítulo XXXIII

En este capítulo, Sancho se convierte en el gobernador de la ínsula Barataria y es llevado a un majestuoso palacio donde sus sirvientes comienzan a servirle todo tipo de manjares y exquisiteces, con el pequeño inconveniente, de que un hombre no le permite degustarlos y manda que los retiren en cuanto los colocan en la mesa. Sancho, muerto de hambre, se harta y le exige explicaciones, el hombre le dice que es su médico y que le dejará comer solamente aquello que le favorezca. Justo en ese momento, llega el correo de parte del duque. Se trata de una carta en la que avisa a Sancho de la llegada de unos malhechores que buscan asaltar la ínsula, y le avisa que no se fíe de la gente que se le acerca, pues le asegura que han entrado cuatro personas disfrazas para quitarle la vida. Tras oír el mensaje, Sancho cree que el doctor quiere matarlo de hambre y ordena a sus sirvientes que le den de comer inmediatamente. Su forma de actuar deja asombrados a los ciudadanos, que creen que la ínsula tendrá un próspero futuro con el nuevo gobernador.

– Capítulo XLIV

En este capítulo, don Quijote se encuentra con un hombre que se hace llamar el Caballero de la Blanca Luna. Este caballero asegura que su dama es más bella que Dulcinea del Toboso, y reta a Don Quijote a un duelo, acordando que, si ganaba el Caballero de la Blanca Luna, don Quijote de la Mancha debería permanecer un año en su casa, dejando el oficio de caballero andante y, si por el contrario, era don Quijote quien ganaba, el Caballero de la Blanca Luna debía admitir que Dulcinea del Toboso era la dama más bella que yacía sobre la Tierra, y también le cedería a don Quijote todo el mérito de sus hazañas, caballo y armas. Don Quijote acepta el duelo sin dudarlo un segundo, y el visorrey de la ciudad les da licencia para realizar el combate, aún sin saber quién es ese extraño caballero. Finalmente, don Quijote es vencido y humillado por el Caballero de la Blanca Luna, el cual, tras ganar la batalla, entra en la ciudad, el visorrey, que sigue sin saber la identidad del extraño caballero, manda a don Antonio ir tras él para descubrir de quién se trata. El Caballero de la Blanca Luna le explica a don Antonio que es el bachiller Sansón Carrasco y que es un viejo amigo de don Quijote. Le explica, que tiempo atrás ya intentó vencer a don Quijote y que su única intención es que vuelva a su pueblo natal y deje la caballería para que pueda recuperar su salud.

Don Antonio le promete no decirle nada a don Quijote que, junto a Sancho, termina volviendo a la tierra desde la cual comenzó su aventura.

– Capítulo LI

En este último capítulo, se relata la muerte de don Quijote de la Mancha. El hidalgo permaneció con fiebre tendido en cama por varios días. Sus amigos lo iban a visitar a menudo y creían que su malestar se debía a la melancolía de no haber podido cumplir todas sus hazañas y no haber conocido a Dulcinea del Toboso, aunque para nada era así, don Quijote asegura odiar los libros de caballería, y reconoce que todas sus locuras y aventuras le hicieron mal y pide morir siendo Alonso Quijano el Bueno. Este parecía que había vuelto a la cordura y quienes le rodeaban, comenzaron a asumir que verdaderamente se estaba muriendo. El médico no le da mucho tiempo de vida, y don Quijote, pide quedarse a solas con el cura para confesarse y luego hace llamar a un escribano para que redacte su testamento.

Finalmente, tres días más tarde, Alonso Quijano el Bueno, más conocido como don Quijote de la Mancha fallece en su lecho rodeado de sus seres queridos.


OPINIÓN

Articulo de opinión personal del Quijote

El Quijote está considerado como un gran un clásico y una referencia en la literatura universal, este libro lo empecé casi por obligación, y poco a poco me fue enganchando hasta parecerme corto incluso. Al principio, me costó muchísimo adaptarme al lenguaje del castellano antiguo, para mí fue todo un reto leerlo, pues en muchas ocasiones no entendía con claridad las intenciones de los personajes y el significado de algunos refranes. Bien es cierto que esto es una adaptación, y se supone que el vocabulario es propio de nuestra edad.

El libro lo encuentro disparatado a la vez que interesante, sobre todo por la época en que fue escrito, no hace falta leer ninguna novela de caballería, como es mi caso, para darse cuenta de las alusiones y críticas que se hacen a esta.

Me ha fascinado la ambigüedad entre la locura y cordura de don Quijote, y la personalidad de Sancho que en mi opinión complementa mucho a don Quijote. También me ha sorprendido gratamente como mientras se desarrolla la historia Sancho absorbe parte de personalidad de don Quijote, y don Quijote le pasa lo mismo con su humilde compañero, esto creo que se refleja muy bien en el capítulo en el que vuelan a lomos de Clavileño. La única pega que encuentro, por poner alguna, es que en mi opinión el personaje de Dulcinea del Toboso está muy poco desarrollado. Pero en general, esta obra me ha gustado mucho y creo que tiene de todo; ironía, sarcasmo, burlas, humor, y personajes muy interesantes. Pienso que este es uno de esos libros que cuando pasa un tiempo merece la pena volver a leer, en mi caso queda aquí escrito, que cuando me sienta preparado, y crea que pueda disfrutar el libro plenamente, me lanzaré a leer el original, aunque para que eso pase yo creo que aún quedan muchos años e incluso décadas.

Configuración