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Comentario Crónica de una muerte anunciada Fragmento

Análisis y comentario del texto propuesto

El presente texto pertenece a un fragmento de la obra Crónica de una muerte anunciada, publicada por primera vez en 1981. Su autor, Gabriel García Márquez (1927-2014), era un escritor, guionista, editor y periodista colombiano que fue reconocido con un Premio Nobel de literatura un año después de la publicación de su obra, es decir, en 1982. Se caracteriza por ser uno de los escritores más célebres de la literatura universal y por plasmar en su obra el realismo mágico, esto es, un movimiento literario de mediados del siglo XX que muestra lo extraño y lo irreal como algo cotidiano y común al mismo tiempo. Esto último lo podemos apreciar en su novela y, además, se aprecia el uso de lo narrativo y lo periodístico, dando una aproximación a lo que se conoce como novela policíaca. Es importante saber que la obra está basada en un suceso real, en la que su autor toma los personajes, las circunstancias y su escenario alterándolo narrativamente, pero sin descuidar los datos propios de una crónica periodística.

De acuerdo con el tema de este fragmento sería la descripción de una muerte previamente anunciada.

Por lo que respecta a su contenido, nos encontramos ante un fragmento perteneciente al final de la novela. En este caso, Santiago Nasar ocupa un lugar importante, ya que todo el texto gira en torno a la descripción de su muerte. Desde un principio, su autor nos describe el comienzo de dicho crimen y los gritos que se escucharon en el mismo. Para ello, se apoya del testimonio de su madre, Plácida Linero, quien, al asomarse a la ventana, observó cómo su hijo estaba tirado bocabajo, tratando de levantarse de su propia sangre (línea 6). Y es que, a raíz de ello, el texto continúa haciendo una descripción del mal estado de Santiago Nasar; un personaje que, tras haber sido apuñalado por los hermanos Vicario, sostenía en sus manos sus entrañas y que, pese a ello y como dice su narrador, “caminó más de cien metros para darle la vuelta a la casa” (línea 9). De este modo, durante su trayecto a la puerta trasera de su hogar, fue visto por varios de sus vecinos, tales como Poncho Lanao, su esposa y sus cinco hijos, así como también por la tía del narrador, Wenefrida Márquez. Todos ellos nos ofrecen sus opiniones sobre cómo vieron a Santiago en ese momento: con un olor desagradable (línea 15), con pasos bien medidos (línea 17) o incluso con una gran belleza (línea 18). Sin embargo, entre todos ellos coinciden en que su imagen les dejó impresionados. De este modo, se puede observar que la descripción de su estado es abundante y termina así con el fin del mismo, derrumbándose así en la cocina de su casa; todo ello por no haber tenido conocimiento de su muerte, la cual ya había sido previamente anunciada.

Dado que nos encontramos ante un fragmento de la historia, nos encontramos con solo algunos de los personajes que la conforman, estos son: Santiago Nasar, los hermanos Vicario, Plácida Linero, Poncho Lanao, su esposa e hijos y la tía Wenefrida Márquez. Como se puede apreciar, el personaje principal de este fragmento es Santiago Nasar. No obstante, también observamos que los que le vieron en sus últimos momentos, tras ser apuñalado (Plácida Linero, hermanos Vicario, Yamil Shaium, Poncho Lanao, su esposa e hijos y la tía Wenefrida Márquez) aparecen como personajes secundarios, ya que son quienes nos dan una información sobre el trágico final de Santiago Nasar. En primer lugar, Santiago Nasar se caracteriza por ser un joven de 21 años, soñador y alegre que, tras fallecer su padre, tuvo que hacerse cargo de su familia y de la hacienda que su padre le dejó en herencia. En este fragmento, se muestra como la víctima de los hermanos Vicario, quienes se encargan de devolver la honra perdida en su familia al creer que su hermana, Angela Vicario, había mantenido relaciones con este. Por lo que respecta a estos últimos, los hermanos Vicario se muestran en la obra como seres violentos, pese a que, en realidad, no querían pasar por ese trance y, por ello, intentaban que otros realizaran ese cometido por ellos. En este fragmento se muestran huyendo hacia la iglesia, siendo perseguidos por Yamil Shaium, árabe y buen amigo de la familia Nasar. Por otra parte, Plácida Linero se presenta en la obra como la madre de Santiago Nasar y como una excelente intérprete de sueños. En este fragmento es quien contempla a los hermanos Vicario huyendo del árabe y quien encuentra a su hijo bocabajo, tratando de levantarse de su propia sangre (línea 6). Y es que, por ello, esta nunca se perdonaría no haber interpretado los sueños de su hijo, días antes de su muerte. Los vecinos de Santiago, la familia Lanao, también tiene un papel importante en este fragmento, ya que son quienes, a través de sus testimonios, nos informan sobre el mal estado de Santiago. Y es que, todos ellos nos aportan datos diferentes: con un olor desagradable (línea 15), con pasos bien medidos (línea 17) o incluso con una gran belleza (línea 18). Sin embargo, entre todos ellos coinciden en que su imagen les dejó impresionados. Por último, la tía del narrador, Wenefrida Márquez, se representa en este fragmento como la última persona que lo vio con vida. No hay que olvidar que esta persona vive en frente de Santiago Nasar y es quien le pregunta qué le pasa al verlo desangrándose y desvaneciéndose. Esto lo podemos observar en la línea 23:”¡Santiago, hijo, qué te pasa!”.

En cuanto a su estructura externa, podemos ver que el texto está formado por 28 líneas, donde se combina la narración en 3º persona con los diálogos directos de los personajes. Estos diálogos los podemos encontrar en la línea 12: “Oímos la gritería” y en la línea 15: “Lo que nunca pude olvidar fue el terrible olor a mierda”. Se trata pues, de diálogos directos que nos ofrecen los personajes, en base a los testimonios que iba recogiendo el narrador para sus escritos. Sin embargo, haciendo un estudio más profundo de su estructura, el presente texto se podría dividir en tres partes. La primera parte (línea 1-8) nos muestra justo el momento que trascurre tras el asesinato de los hermanos Vicario hacia Santiago. En este caso, su madre, Plácida Linero, nos ofrece su versión sobre lo que oyó y vio en ese momento. Escuchó gritos y, al asomarse, se percató de que los hermanos Vicario huían al ser perseguidos por el árabe y amigo de la familia Yamil Shaiu. En la segunda parte (línea 9-24) nos cuenta cómo fue visto Santiago por sus vecinos: la familia Lanao y por la tía del narrador, Wenefrida Márquez. En este caso, se nos describe además a un Santiago que, pese a su mal estado, tuvo que caminar más de cien metros para dar la vuelta completa, ya que la puerta principal estaba cerrada. El narrador lo describe además llevando en sus manos “el racimo de sus entrañas” (línea 14 y 15) y, sus vecinos dan testimonio de la imagen que este dio en sus últimos momentos de vida, mientras se disponía a cruzar sus casas hasta dirigirse a la suya. De este modo, Poncho Lanao se impactó por el mal olor que este desprendía: “Lo que nunca pude olvidar fue el terrible olor a mierda” (línea 15). Por otra parte, Argénida Lanao lo recuerda más bello que nunca: “[…] estaba más bello que nunca […]” (línea 18). Además, la tía del narrador estaba también presente en el momento de lo sucedido. Se encontraba desescamando un sábalo en el patio de su casa. Según esta, le sorprendió la manera en la que caminaba buscando la estabilidad en sus pasos y, al preguntarle si le ocurría algo, se llevó la sorpresa al escuchar de la boca de Santiago: “Que me mataron, niña Wene” (línea 24). La tercera parte (línea 25-28) nos muestra el momento final de la vida de Santiago, quien tras muchos tropiezos al subir los escalones logra entrar por la puerta trasera de su casa. Sin embargo, una vez dentro se derrumba en ella. Y es que, tal y como podemos observar, son muchas las descripciones que nos ofrecen de Santiago; unas descripciones que pueden ocasionar al lector un desagrado al imaginar cómo el personaje sostiene sus propias tripas e incluso las limpia por la tierra que hay en ellas. Esto lo podemos observar en la línea 25 y 26: “Hasta tuvo el cuidado de sacudir con la mano la tierra que le quedó en las tripas”.

Tras conocer el contenido y la estructura del mismo es importante saber que se trata de un fragmento que reúne las propiedades típicas de un texto. De acuerdo con esto último, se podría considerar que es adecuado, ya que se observa cómo la narración está envuelta en un estilo periodístico, propia de la crónica, con los hechos que el narrador pretende reconstruir. En este caso, el narrador cronista toma diálogos directos de sus personajes, como por ejemplo: “Oímos la gritería” (línea 12) y comentarios indirectos de lo que el narrador sabe en función a los que le han dicho los testigos: “Caminó más de cien metros para darle la vuelta completa a la casa y entrar por la puerta de la cocina” (línea 9-10). Y es que, hay que recordar que la forma en la que está narrada esta historia es a través de la tercera persona, incluyendo diálogos directos de sus personajes, pero también incluyendo lo que este narrador ha logrado saber por los testimonios de las personas que vivieron tal suceso.

Por otra parte, se podría decir que el texto está bien cohesionado, compuesto por diferentes elementos que facilitan su comprensión lectora. De este modo, se puede observar que está formado por un gran número de sustantivos que están ligados al tema de este fragmento, tales como: “sangre” (línea 6), “vísceras” (línea 7), “peligro” (línea 5), etc. Los adjetivos también están presentes en el fragmento, puesto que, al tratarse de un texto con abundantes descripciones sobre la muerte de Santiago Nasar se requiere varios adjetivos que le ayuden en su discurso. Estos son: “colgantes” (línea 8), “bello” (línea 18), “desarmados” (línea 4), etc. Además, su autor hace uso de un grupo de palabras que están relacionadas en cuanto a su significado, es decir, hace uso de campos semánticos. En este caso, la familia englobaría varias palabras parecidas en cuanto a su significado: “tía” (línea 20), “hijos” (línea 11), “esposa” (línea 11) , “hija” (línea 16), etc. Los sinónimos y los antónimos también están presentes en este texto. Tal y como sabemos, los sinónimos hacen referencia a aquellas palabras diferentes que se parecen en su significado. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la línea 7 “andar” y “caminar” (línea 9). Además también encontramos otros sinónimos como “tripas” (línea 26) y ”entrañas” (línea 15). Por otra parte, los antónimos, palabras que tienen significados opuestos, lo podemos encontrar en la línea 5 y 9 (salir-entrar) y en la línea 15 y 17 (nunca-siempre). Asimismo, podemos apreciar que en el texto abundan tanto las oraciones simples como compuestas. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la línea 19, con una oración simple: “Nos quedamos paralizados de susto”. En las líneas 13 y 14 encontramos también una oración compuesta/subordinada/adverbial: “Empezaban a desayunar cuando vieron entrar a Santiago Nasar empapado de sangre”. De acuerdo con esto último, no hay que olvidar que la unión de dichas oraciones se hacen posibles gracias a los conectores o marcadores discursivos. Y es que son muchos los que encontramos en el texto, tales como: “pero” en la línea 13 y “sino” en la línea 11. Además, las conjunciones están presentes en el mismo. En la línea 2 encontramos una conjunción de tipo copulativa “y”. Por otra parte, en la línea 13 hay una conjunción de tipo adversativa “pero”, como también “sino” en la línea 11. Tal y como se dijo anteriormente, este fragmento está narrado a través de una 3º persona, que es quien relata los hechos que ocurrieron a base de los testimonios que le han contado. Sin embargo, en su narración, se destaca el uso de los diálogos directos de los personajes. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la línea 12 “Oímos la gritería. Me dijo la esposa”. En este caso, apreciamos que el narrador, en ocasiones, muestra su 1º persona del singular “me dijo”; un dato más que suficiente para apoyar lo que se dijo anteriormente: lo que él cuenta y sabe es a través de los testimonios que le han dado. De acuerdo con esto, cabe destacar que el tiempo verbal que abunda en el texto es el pasado: “incorporó “ (línea 25), “contó” (línea 16), “asomó” (línea 2), etc. Además, cabe destacar que los tipos de oraciones que abundan en este texto son enunciativas, ya que el narrador está contando un suceso. Sin embargo, también se hace uso de oraciones de tipo exclamativas, como en la línea 23: “¡Santiago, hijo, qué te pasa!”, ya que no hay que olvidar que los discursos de los personajes están patentes en el fragmento y, por tanto sus emociones y sentimientos. Por último, hay que destacar que su autor dota a su discurso de una figura literaria para darle una cierta expresividad, vivacidad o belleza a sus palabras. De este modo, encontramos el uso de la metáfora; figura que consiste en relacionar dos ideas por la posible semejanza que guardan estas. Esto lo podemos encontrar en las líneas 14-15 “racimo de sus entrañas”, haciendo referencia a la abundancia de las entrañas que sujetaba Santiago Nasar; parecidas al racimo de uvas.

Por tanto, como podemos ver en este análisis, son muchos los recursos o elementos que encontramos en este fragmento; lo que nos permite analizarlo y entenderlo adecuadamente y en profundidad.

En la obra de Gabriel García Márquez, los hermanos Vicario dan fin a la vida de Santiago Nasar para recuperar el honor de su familia. ¿Estás de acuerdo con esta visión poco moral que mantiene el pueblo sobre ello?

No cabe duda de que en la obra de García Márquez el tema del amor, la violencia y el honor está patente en toda la obra. Y es que, en este fragmento podemos observar cómo las dos últimas cobran un papel importante en la misma. Y es que, el pueblo en donde habita Santiago Nasar es conocedor de la tragedia que estuvo a punto de suceder, pero: ¿Por qué no detuvieron dicho suceso? Es más, ¿por qué no avisaron a Santiago sobre lo que le iba a ocurrir? Toda persona que lea esta obra se cuestionará estas preguntas; lo que le llevará a una reflexión sobre el punto de vista que se tenía en aquella época y en un pueblo como el de la obra. En primer lugar, no hay que olvidar que, antiguamente, el honor y la honra eran valores que todo hombre y toda familia debía mantener, ya que, de no ser así, sería tachado y no respetado por la sociedad. En este caso, los hermanos Vicario, al creer que su hermana, Ángela Vicario, había mantenido relaciones con Santiago, se ven obligados a darle fin (pese a que estaban a disgusto) con el objetivo de recuperar el honor que habían perdido la familia. Ahora bien, el pueblo, siendo conocedor de todo ello, parece compartir el mismo pensamiento sobre la honra; lo que les lleva a ocultar (de manera general) lo que se iba a acontecer. Tras ello, el abogado de los hermanos Vicario defiende el código del honor y, sobre él, fundamenta su defensa. Los hermanos, además, aseguran que “hicieron más de lo imaginable para que alguien del pueblo les impidieran matar a Santiago”; por lo que, ante ojos de Dios, quedaron libres de cargos. No obstante, frente a este pensamiento tan poco moral, plasmo mi desacuerdo y mi disconformidad frente al código del honor; principal desencadenante de los acontecimientos trágicos de la obra.

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